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Entre virus mortales

Entre Virus Mortales

“Extremar medidas de contención para reducir muertes o flexibilizarlas para disminuir el daño económico se convierte en una decisión crucial, no sólo en términos políticos y económicos, sino morales y éticos”

“No puede pedírseles que encaren la crisis humanitaria quienes han sido culpables de ella. Si bien el Coronavirus es mortal, muchísimo más lo ha demostrado ser el flagelo cubano-Maduro”

Por Humberto García Larralde*   humgarl@gmail.com

Se afirma que con el Covid-19 la humanidad enfrenta actualmente la peor crisis en décadas, con un número de muertes en perspectiva verdaderamente aterrador si no se toman rápidamente acciones de contención. No respeta fronteras; tampoco hay dinero, posición social o linaje que evite el contagio. No en balde, país tras país adopta medidas extremas para evitar que se propague y haga colapsar sus servicios sanitarios. Tales cuarentenas representan un duro golpe a la economía, en tanto proscriben todas aquellas actividades que no sean estrictamente necesarias. La caída en las fuentes de ingresos para millones de personas podrá ser devastador si se prolongan en el tiempo, sobre todo en aquellos países que no cuentan con una seguridad social amplia ni gobiernos con bolsillos profundos. Extremar medidas de contención para reducir muertes o flexibilizarlas para disminuir el daño económico se convierte en una decisión crucial, no sólo en términos políticos y económicos, sino morales y éticos.

Desde esta perspectiva, las medidas anunciadas por Maduro parecerían inobjetables. Al imponer una cuarentena obligatoria, cerrar fronteras y aeropuertos, y decretar compensaciones económicas estaría tomando previsiones para reducir la propagación del virus y proteger los bolsillos del venezolano. Lamentablemente, no todo lo que brilla es oro…

Empecemos por la primera línea de fuego para evitar contagios: permanecer en casa y lavarse las manos reiteradamente, sobre todo al regresar de la calle. No hace falta repetir aquí que la inmensa mayoría de venezolanos se ve obligado a salir de sus casas, día tras día, en busca de comida y de otras provisiones esenciales. Y que, al regresar y suponiendo que consiguió jabón, muchas veces no tienen agua, a menos que logran almacenarla en pipotes. ¿Mascarillas y guantes suficientes, cómo demanda el alcalde de la Guaira a todo el que salga fuera? ¡Qué cínico!

Veamos ahora la situación de los hospitales y centros clínicos. Jorge Rodríguez contabilizó, muy orondo, 24.000 camas en el país, incluyendo hospitales, CDI y clínicas privadas. ¡Venezuela está preparada para afrontar la crisis! Pero, esas son el total de camas disponibles, en instituciones hospitalarias carentes de insumos de todo tipo, desde agua y electricidad permanente hasta equipos de sustento de enfermos graves, antibióticos y otros medicamentos. No son camas en unidades de cuidado intensivo (UCI) equipadas. El presidente (e) Juan Guaidó menciona sólo 84 respiradores disponibles en el país para atender el COVID-19. La mayoría del personal sanitario carece de la indumentaria de protección adecuada para realizar sus labores. Muchos han migrado, además, desesperados por no poder cubrir su sustento (y de sus familiares dependientes), por la hiperinflación y el desabastecimiento causados por las políticas de Maduro. Y, a pesar de la terrible crisis que ha causado, ¡Maduro sigue negándose a permitir el ingreso de ayuda humanitaria cuya distribución él no pueda controlar (y saquear)!

Para más tragedia, sus esbirros meten preso a periodistas, dirigentes políticos (incluyendo diputados) y médicos que alertan ante las carencias para enfrentar la pandemia. Mantiene a centenares de presos políticos enclaustrados en condiciones deplorables, vulnerables a ser contagiados, sin razón valedera para ello. Y, para hacer cumplir una cuarentena cuyo fin es salvar vidas, colectivos fascistas acribillan en el 23 de Enero a quienes juegan dominó en la calle. Luego, un alcalde loco en un pueblo de oriente prohíbe que los mayores de 50 años puedan comprar comida, ¡dizque para protegerlos!

En materia económica, Maduro anuncia un bono especial a ser canalizado a través del carnet de la patria, la distribución de millones de bolsas CLAP, el financiamiento de la nómina de pequeñas empresas hasta por seis meses, y la suspensión del cobro de alquileres a viviendas y negocios, así como del capital y tasas de interés en los préstamos bancarios. Prohíbe suspender servicios de telecomunicación, así el usuario no los pague. ¿Medidas similares a las del congreso de Estados Unidos –acaba de aprobar $2 billones para evitar un colapso económico por las medidas de contención–, o las aprobadas por Boris Johnson en el Reino Unido o Pedro Sánchez en España? Pero en Venezuela los reales para ello saldrán de la maquinita que ya echa chispas del Banco Central. ¡Presto! Qué fácil, ¿no? Hiperinflación para rato. Y, ¿cómo habrán de resarcir a quienes no cobrarán alquileres? Con la intermediación financiera prácticamente desaparecida, ¿de qué vivirán los bancos?

Algunos que hayan leído hasta aquí estarán molestos por estas críticas. Atravesamos momentos en que debe dejarse de lado la diatriba política y aunar esfuerzos detrás de quienes puedan tomar medidas, así no simpaticemos con ellos, en bien de la población. Respondo: ¿Existe alguien que crea que a Maduro y su combo militar les importa realmente los padecimientos de la población? Cuando se constata la destrucción de la industria petrolera –no hay gasolina para atender la logística de transporte–, el estado deplorable de los hospitales y de los servicios públicos, la ausencia de medicamentos y equipos para la salud y el encogimiento de la actividad económica a apenas un tercio desde que Maduro ocupa la presidencia, la respuesta es más que obvia. Y no, no son las sanciones. Sólo fue a partir de agosto, 2017 que se aprobaron restricciones que podían afectar las posibilidades de conseguir financiamiento internacional, pero ya para entonces el país se encontraba en default –por “mérito” propio—, dada el descomunal despilfarro por parte de Chávez y Maduro de la mayor bonanza petrolera que conoció el país. Y, para colmo, Maduro les entrega a militares gorilas como premio a su complicidad, PDVSA, para que en apenas dos años acaben con su capacidad productiva, incluyendo la de las refinerías. El salario mínimo del venezolano es apenas cinco dólares mensuales, por mucho el más bajo de América Latina.

Con tal nivel de destrucción urdido sobre un país considerado alguna vez el más próspero de América Latina, ¿puede esperarse que sus artífices resguarden la vida de los venezolanos frente a la pandemia actual? Su única respuesta ante los padecimientos de la población ha sido el terrorismo de estado y el reparto de dádivas para continuar, sin estorbos, su saqueo del país.

Sí se requiere de cuarentena, de aliviar la situación de quienes se ven afectados económicamente, pero en condiciones en que pueda recuperarse rápidamente la capacidad de respuesta de un sistema sanitario fortalecido por la ayuda internacional, con personal dotado de los recursos requeridos y coordinado por gente especializada en el tratamiento de epidemias. Con una economía que rebote del abismo en que se encuentra y ofrezca medios de vida dignos a las mayorías, con seguridad jurídica y personal, que permitan a cada quien aportar lo suyo. Con libertades que permitan señalar insuficiencias y denunciar irregularidades. ¡Venezuela sí puede salir adelante, pero no bajo estos criminales! Si realmente les interesara la suerte de los venezolanos se habrían ido hace tiempo.

Hasta ahora lo que ha impedido mayores estragos por la pandemia es que Venezuela se encuentra en “cuarentena” desde hace tiempo, aislada del mundo, y –de ser cierto—aquello de que la propagación del virus parece ser menos virulento en climas cálidos. El energúmeno de Cabello, acusando a EE.UU. de haber fabricado el virus, es muestra flagrante de la total falta de seriedad del régimen fascista al abordar el tema. Y temo que pronto evidenciaremos los malabarismos de cifras y mentiras de Maduro buscando esconder la tragedia en ciernes, dada la vulnerabilidad en que ha dejado al país ante el virus.

El Depto. de Justicia de EE.UU. acaba de ponerle precio a las cabezas de la mafia militar y civil, por estar incursa en narcotráfico. De mucha mayor monta son sus crímenes de lesa humanidad perpetrados contra la población. No puede pedírseles que encaren la crisis humanitaria quienes han sido culpables de ella. Si bien el Coronavirus es mortal, muchísimo más lo ha demostrado ser el flagelo cubano-Maduro.

*El autor es  economista, profesor (j) de la UCV, miembro del Consejo de Honor del Observatorio Hannah Arendt

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