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Manejar la preocupación en tiempos difíciles

Por VENAMÉRICA, CECILIA VICENTINI – VenAmérica

Tenemos que hacernos el propósito de lograr sentir quietud y bajar la velocidad con la que nuestra mente está acostumbrada a vivir

La situación de incertidumbre y riesgo por la que estamos pasando puede producir estrés, preocupación y miedo, afectando nuestra salud. Necesitamos estar dispuestos a practicar estrategias de cuidado y protección, lo cual implica reconocer y manejar estos estados de ánimo, sin reprimirlos o negarlos, atendiendo nuestra mente, nuestras emociones y nuestro cuerpo.

Cuando estamos preocupados, nuestra mente se involucra en un juego de “ping-pong” interminable donde una parte de nuestro cerebro razona y la otra imagina. Al oír noticias sobre el virus, la parte analítica observa la situación detalladamente, mientras que la parte que imagina visualiza escenarios sobre lo que puede suceder, saltando hacia el futuro. Si este proceso se repite constantemente, sentimos ansiedad, angustia y miedo, por eso, la preocupación nos roba la tranquilidad en la mente.

El estrés causado por sentir miedo de manera constante afecta nuestra salud, porque se libera cortisol, que es una hormona producida por nuestras glándulas suprarrenales, que, si bien es necesaria en algunas ocasiones de peligro, cuando la tensión se mantiene por largo tiempo, disminuye la capacidad de reacción de nuestro sistema inmune.

Tenemos el reto de construir espacios y tiempos de bienestar para preservar la salud física, mental y emocional. ¿Cómo hacerlo?

  • Reconocer que es normal sentirnos preocupados frente a la magnitud de lo que vivimos y el impacto que está teniendo en nuestras vidas.
  • Aprender a calmar la mente cerrando imágenes estresantes con imágenes amables, contrastando lo que estamos pensando e imaginando con la realidad, volviendo al presente. Por ejemplo, podemos decir: “Sí, es verdad que esto puede ocurrir, pero no está ocurriendo en este momento”, y concluir con lo que está realmente sucediendo, haciendo cierres con una imagen o un pensamiento cada vez que nuestra mente se acelere y comience a expandirse imaginando situaciones de peligro.
  • Aceptar que el miedo es una señal de inteligencia, que nos indica que debemos parar, tomar el tiempo de buscar información, observar lo que ocurre y aprender a manejarlo. No hemos pasado por una situación semejante, y no tenemos experiencia. Detenernos para aprender nuevos comportamientos es esencial.
  • Cuidar la salud de nuestro cuerpo practicando nuevas rutinas. Es posible que hubiésemos pensado iniciar un tipo de ejercicio físico y era una idea que había quedado latente, pues ahora es la oportunidad de hacerla concreta. La lista de opciones es amplia y las redes sociales tienen una oferta muy atractiva alcanzable con un teléfono móvil. Puedes decidir aprender o profundizar una práctica que hayas iniciado, por ejemplo meditar, hacer ejercicios para ampliar tu capacidad respiratoria, hacer yoga, zumba, tai-chi, bailar, así como otras modalidades de movimiento del cuerpo.

Tenemos que hacernos el propósito de lograr sentir quietud y bajar la velocidad con la cual estamos acostumbrados a vivir. Aprender a realizar las rutinas disfrutándolas, estando conscientes de lo que hacemos, es meditación en acción. Hacer de la preparación de los alimentos un momento de disfrute, recurrir con frecuencia al humor que expande. Transformemos la situación de crisis en una oportunidad para expresar el amor que sentimos hacia nuestra familia y amistades y practicar la amabilidad, la gentileza y la solidaridad.

La autora de esta columna es gerente de Proyectos en VenAmérica

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