 
{"id":6299,"date":"2026-07-07T16:19:13","date_gmt":"2026-07-07T16:19:13","guid":{"rendered":"https:\/\/venamerica.org\/home\/?p=6299"},"modified":"2026-07-07T16:19:13","modified_gmt":"2026-07-07T16:19:13","slug":"nosotros-el-pueblo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/venamerica.org\/home\/nosotros-el-pueblo\/","title":{"rendered":"Nosotros el pueblo"},"content":{"rendered":"<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1974 aligncenter\" src=\"https:\/\/venamerica.org\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/diario-venam.jpg\" alt=\"\" width=\"494\" height=\"121\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Por\u00a0Nelson Oxford*<\/p>\n<p><strong><span style=\"font-size: 18px;\">Venezuela enfrenta hoy una paradoja tr\u00e1gica al contrastar sus principios fundacionales de 1811 con la realidad de un Estado fallido e indolente.<\/span><\/strong><\/p>\n<p>El a\u00f1o 2026 marca un hito extraordinario en la historia de la libertad universal, como lo es la conmemoraci\u00f3n de los 250 a\u00f1os de la Declaraci\u00f3n de Independencia de los Estados Unidos de la Corona Inglesa, porque al conmemorar la gesta de 1776, resulta imperativo para el mundo hispanoamericano, y muy especialmente para los venezolanos, reflexionar sobre los profundos vasos comunicantes que unieron espiritualmente a los fundadores de ambas naciones en su b\u00fasqueda de la libertad y la autodeterminaci\u00f3n; de tal modo que hoy, mientras el pueblo estadounidense celebra su sesquicentenario, los venezolanos conmemoramos igualmente 215 a\u00f1os de nuestra propia proclamaci\u00f3n republicana.<\/p>\n<p>Cuando los representantes de las trece colonias se reunieron en Filadelfia, en el 4 de julio de 1776, y cuando los representantes de las parroquias hicieron lo propio en Caracas, el 5 de julio de 1811, no solo estaban rompiendo cadenas con imperios transatl\u00e1nticos; estaban refundando la legitimidad del poder pol\u00edtico sobre sus naciones y asumiendo la responsabilidad de su gobierno en libertad.<\/p>\n<p>La arquitectura constitucional y filos\u00f3fica de ambos procesos parte de una misma premisa: el poder ya no desciende de la Corona por derecho divino, sino que asciende desde la base ciudadana. De esta manera la famosa frase \u00abWe the People\u00bb (\u201cNosotros el Pueblo\u201d), inmortalizada desde el pre\u00e1mbulo de la Constituci\u00f3n estadounidense de 1787, rese\u00f1a su esp\u00edritu,\u00a0al derivar sin ambages los poderes de los gobiernos al \u00abconsentimiento de los gobernados\u00bb.<\/p>\n<p>Venezuela recogi\u00f3 este testigo hist\u00f3rico con una asombrosa fidelidad y solemnidad, y as\u00ed vemos como el documento caraque\u00f1o se inicia identificando con absoluta precisi\u00f3n jur\u00eddica a los sujetos de la soberan\u00eda;\u00a0\u201cEn el nombre de Dios Todopoderoso, nosotros, los representantes de las Provincias Unidas de Caracas, Cuman\u00e1, Barinas, Margarita, Barcelona, M\u00e9rida y Trujillo, que forman la Confederaci\u00f3n Americana de Venezuela en el continente meridional, reunidos en Congreso, y considerando la plena y absoluta posesi\u00f3n de nuestros derechos&#8230;\u201d.<\/p>\n<p>En ambos documentos, el sujeto hist\u00f3rico deja de ser un s\u00fabdito, para convertirse en un ciudadano comprometido con consolidar su libertad, y hay una proclamaci\u00f3n id\u00e9ntica, suscrita bajo la convicci\u00f3n de que los pueblos tienen el derecho -y el deber- de alterar o abolir un gobierno que destruya sus derechos inalienables.<\/p>\n<p>Un paralelismo hist\u00f3rico y espiritual conmovedor entre ambos textos es la necesidad de trascendencia y la b\u00fasqueda de una sanci\u00f3n moral superior. Ni Jefferson en Filadelfia ni Roscio en Caracas confiaron la justicia de su causa \u00fanicamente a la fuerza de las armas; ambos elevaron la mirada hacia lo divino.<\/p>\n<p>La Declaraci\u00f3n de 1776\u00a0apela formalmente a las \u00abLeyes de la Naturaleza y del Dios de la Naturaleza\u00bb, cerrando su proclamaci\u00f3n con una firme confianza en la \u00abprotecci\u00f3n de la Divina Providencia\u00bb.\u00a0Los fundadores estadounidenses necesitaban que el mundo entendiera que la libertad era un derecho natural, otorgado por el Creador, y, por ende, incuestionable por ning\u00fan rey.<\/p>\n<p>Por su parte, los pr\u00f3ceres venezolanos de 1811,\u00a0al invocar solemnemente el nombre de Dios Todopoderoso, dejaron claro que el establecimiento de su soberan\u00eda estaba guiado por un orden moral superior.\u00a0Conscientes del peso hist\u00f3rico de la separaci\u00f3n, los firmantes declararon que la restauraci\u00f3n de sus derechos leg\u00edtimos se correspond\u00eda con el dise\u00f1o divino del universo, buscando el amparo supremo para una confederaci\u00f3n que nac\u00eda bajo el signo de la justicia.<\/p>\n<p>A los 250 a\u00f1os de la declaraci\u00f3n estadounidense y a los 215 a\u00f1os de la venezolana, estos documentos no deben leerse como meras incidencias piezas de archivo, porque son testimonios vivos de que la libertad es una empresa com\u00fan, de que el hilo republicano que une a la Am\u00e9rica anglosajona con la Am\u00e9rica latina se teji\u00f3 con las mismas palabras, los mismos principios y el mismo temor reverente a un Dios que cre\u00f3 a los hombres para ser libres, dignos, benefactores de su libre albedr\u00edo.<\/p>\n<p>Sin embargo, la conmemoraci\u00f3n de estos hitos fundamentales obliga a contrastar los principios fundacionales con las realidades m\u00e1s desgarradoras del presente, en las que para Venezuela, el camino trazado en 1811 ha derivado en una paradoja tr\u00e1gica. Los acontecimientos desencadenados a partir del pasado 3 de enero, sumados al devastador impacto del reciente terremoto, no han hecho m\u00e1s que desnudar la realidad, al revelar en vivo, la existencia indolente de un\u00a0Estado fallido que ha abdicado, de la manera m\u00e1s vergonzosa, sus funciones m\u00e1s elementales de protecci\u00f3n y salvaguarda.<\/p>\n<p>Hoy, el territorio venezolano se debate entre la desgracia, el quiebre institucional, la desobediencia civil y un tutelaje extranjero que compromete gravemente la soberan\u00eda, la misma por la que los civiles de 1811 entregaron sus vidas; un escenario de vulnerabilidad extrema, donde resurge con fuerza el principio de la responsabilidad de salvaguardar y proteger al ciudadano; y cuando un Estado es incapaz de atender a su propia poblaci\u00f3n, las fuerzas vivas de la Rep\u00fablica y la comunidad internacional tienen el deber \u00e9tico y jur\u00eddico de actuar en favor del ciudadano, no del r\u00e9gimen cuestionado.<\/p>\n<p>La soberan\u00eda no es un cheque en blanco para el despotismo, sino un compromiso sagrado de protecci\u00f3n. A 250 a\u00f1os de que Filadelfia y 215 a\u00f1os que Caracas proclamaran que los gobiernos se instituyen para garantizar la vida y la libertad, la tarea pendiente sigue siendo la misma; rescatar al pueblo independizado de las garras de la opresi\u00f3n y el desamparo, devolvi\u00e9ndole el derecho a ser, verdaderamente, el \u00fanico due\u00f1o de su destino.<\/p>\n<p>*Presidente de\u00a0VenAm\u00e9rica<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por\u00a0Nelson Oxford* Venezuela enfrenta hoy una paradoja tr\u00e1gica al contrastar sus principios fundacionales de 1811 con la realidad de un Estado fallido e indolente. 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