 
{"id":6312,"date":"2026-07-22T18:22:39","date_gmt":"2026-07-22T18:22:39","guid":{"rendered":"https:\/\/venamerica.org\/home\/?p=6312"},"modified":"2026-07-22T18:41:08","modified_gmt":"2026-07-22T18:41:08","slug":"la-sonrisa-entre-las-ruinas-el-chivo-y-el-mecate-rojo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/venamerica.org\/home\/la-sonrisa-entre-las-ruinas-el-chivo-y-el-mecate-rojo\/","title":{"rendered":"La sonrisa entre las ruinas, el chivo y el mecate rojo"},"content":{"rendered":"<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1974 aligncenter\" src=\"https:\/\/venamerica.org\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/diario-venam.jpg\" alt=\"\" width=\"552\" height=\"131\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Por Nelson Oxford Belisario*<\/p>\n<p><strong><span style=\"font-size: 18px;\">Y mientras este ciudadano salvaba vidas a riesgo de perder la suya, el entorno se llenaba de una mezquindad insufrible. A la zona del desastre no llegaron camiones de auxilio, ni rescatistas del Estado; llegaron los uniformados a acordonar la ruina, no para proteger, sino para desatar la rapi\u00f1a<\/span><\/strong><br \/>\n<span style=\"font-size: 18px;\">\u00a0\u00a0<\/span><br \/>\n<em><span style=\"font-size: 18px;\">\u201cAl pa\u00eds, igual que aquel chivo del corral de la infancia, se le solt\u00f3 el amarre y corr\u00eda sin rumbo; quienes deb\u00edan sujetar el mecate se dedicaron a regatear su largo, olvidando que chivo que se devuelve, se esnuca\u201d.<\/span><\/em><\/p>\n<p>El estruendo de la tierra no avisa. Es un rugido sordo que sube desde las entra\u00f1as de lo desconocido, y, en cuesti\u00f3n de segundos, desordena la geograf\u00eda y las vidas de quienes no tienen m\u00e1s escudo que su propio desamparo. Pero en Venezuela, el verdadero sismo ya hab\u00eda ocurrido mucho antes de que las placas tect\u00f3nicas decidieran agitarse aquel 24 de junio. Las grietas ya estaban all\u00ed, invisibles, profundas, carcomiendo de manera constante los cimientos de una naci\u00f3n que se sosten\u00eda apenas por la inercia de la espiritualidad, la costumbre, la resignaci\u00f3n y la fatiga.<\/p>\n<p>Cuando el espeso polvo comenz\u00f3 a levantarse sobre las ruinas del terremoto, la imagen que se grab\u00f3 a l\u00e1grimas y fuego en el alma colectiva no fue la de las edificaciones fracturadas ni la de los discursos llenos de lamentos hip\u00f3critas, prefabricados y distantes. Fue una estampa infinitamente m\u00e1s poderosa, po\u00e9tica y desgarradora: una ni\u00f1a que emerg\u00eda libre de los escombros y, contra toda l\u00f3gica del dolor, de la asfixia y de la muerte, sonre\u00eda; s\u00ed, sonre\u00eda. Esa sonrisa, limpia, n\u00edtida y brillante en medio del holl\u00edn, no era un gesto de simple ingenuidad infantil; era el milagro de la vida, abri\u00e9ndose paso a tropezones entre la devastaci\u00f3n, un destello de dignidad indomable que se negaba a ser sepultado por el concreto, el olvido y la desidia.<\/p>\n<p>Ante la tragedia y la ausencia absoluta de equipos del Estado, la salvaci\u00f3n del vecindario no vino de un despliegue oficial, sino del hero\u00edsmo inmenso de un hombre com\u00fan bautizado como \u201cel topo humano\u201d, quien con las u\u00f1as partidas, respirando polvo asfixiante y desafiando la muerte en cada r\u00e9plica, se meti\u00f3 pecho a tierra por las ranuras del concreto colapsado para rescatar, una a una, a m\u00e1s de cincuenta personas con sus propias manos. Parad\u00f3jicamente, repitiendo la l\u00f3gica perversa del r\u00e9gimen, convirti\u00f3 su hero\u00edsmo en delito, y luego del declarar a la prensa la verdad de la cat\u00e1strofe, solicitando la ayuda oficial que nunca llegaba, la dictadura lo meti\u00f3 tres d\u00edas preso, sin justificaci\u00f3n alguna.<\/p>\n<p>Y mientras este ciudadano salvaba vidas a riesgo de perder la suya, el entorno se llenaba de una mezquindad insufrible. A la zona del desastre no llegaron camiones de auxilio, ni rescatistas del Estado; llegaron los uniformados a acordonar la ruina, no para proteger, sino para desatar la rapi\u00f1a. Sin escr\u00fapulos, bajo la mirada at\u00f3nita de los sobrevivientes, se dedicaron a proteger fajos de dinero, robar enseres entre los escombros y lucrarse descaradamente de la tragedia, cobrando peajes e incautando lo poco que la tierra no se hab\u00eda tragado.<\/p>\n<p>Fue all\u00ed, entre el saqueo oficial y el polvo, donde se emerge la figura de una mujer de pueblo. Una se\u00f1ora a medio vestir, con el rostro cubierto de holl\u00edn, la mirada encendida y la voz templada por el dolor de tener a los suyos bajo los bloques, se enfrent\u00f3 cara a cara a los fusiles y al pillaje del uniformado. Sin m\u00e1s escudo que su propio pecho y su dignidad de madre, los increp\u00f3 con una rabia sagrada: \u201cQu\u00edtense el uniforme, les queda grande, \u00a1a m\u00ed no me van a impedir sacar a mis hijos! \u00a1Ustedes no cuidan vidas, nos asesinaron y ahora vinieron a robarse lo que nos queda!\u201d. Un grito desgarrador y profundo que hizo retroceder a los saqueadores con bayonetas, encarnando el rugido de toda una sociedad que luchaba por no dejarse enterrar viva por la desidia y la delincuencia uniformada.<\/p>\n<p>El contraste brutal entre la sonrisa de esa ni\u00f1a, la haza\u00f1a del topo encarcelado, el coraje de esa madre y el pillaje de los guardias, es donde encaja nuestra parodia criolla: la del chivo, el mecate; echando mano a recodos de nuestra memoria, que muchos recuerdan como la ley del corral, la cual describe al chivo como un animal testarudo, andador e impulsivo, que si se deja suelto jala pal monte, buscando saciar su propio apetito individual sin importarle el sembrad\u00edo ajeno, el esfuerzo del agricultor, ni la suerte del reba\u00f1o; y para contenerlo y hacerlo provechoso, hace falta un mecate fuerte, trenzado con rigor y atado a una estaca firme clavada en tierra buena. Ese mecate representa la ley, la estructura institucional, la contralor\u00eda social y el deber de protecci\u00f3n del Estado.<\/p>\n<p>Pero en Venezuela, el chivo del poder absoluto, de la opacidad y del pragmatismo transaccional lleva d\u00e9cadas corriendo suelto, engordando a costa de la desolaci\u00f3n nacional, y los encargados de sostener el mecate distra\u00eddos en el reparto de parcelas de influencia, en el confort sin disimulo y en el beneficio mezquino de la cohabitaci\u00f3n, dejando que la cuerda se pudriera por el desuso y la intemperie.<\/p>\n<p>Las casas muertas de nuestra gente no se desplomaron por la fuerza natural de las ondas sismol\u00f3gicas; colapsaron porque el mecate de las normas de construcci\u00f3n, de la planificaci\u00f3n urbana, de la salud p\u00fablica y de la seguridad civil se desintegraron hace much\u00edsimo tiempo en manos de la corrupci\u00f3n. El chivo de la indolencia se comi\u00f3 el cemento, el hierro y las oportunidades de prevenci\u00f3n, dejando desprotegidos a los m\u00e1s vulnerables, mientras las c\u00fapulas del oficialismo y la dirigencia condescendiente acordaban en c\u00f3modas oficinas sobre cuotas de poder y licencias energ\u00e9ticas.<\/p>\n<p>Detr\u00e1s del colapso f\u00edsico de edificios, templos y escuelas, se esconde una ruina mucho m\u00e1s silenciosa, persistente y dif\u00edcil de reconstruir: la quiebra espiritual de la sociedad. Lo que el terremoto ha puesto en flagrante evidencia, es la total, profunda e irreversible p\u00e9rdida de confianza del ciudadano com\u00fan en todo aquello y en todos aquellos que alguna vez prometieron protegerlo.<\/p>\n<p>Esta dimensi\u00f3n de la profunda fractura de confianza se manifiesta de forma devastadora cuando el ciudadano comprende que el mecate se rompi\u00f3. Por un lado, se impone la orfandad institucional de una poblaci\u00f3n que aprendi\u00f3, a fuerza de golpes y abandono, que el Estado dej\u00f3 de ser garante de la seguridad para transformarse en un ente extractor, de opacidad, represi\u00f3n y saqueo. A lo que se suma el cinismo de un liderazgo que despierta sospecha y distancia en la gente, al ver c\u00f3mo de una y otra acera se enfrasca en conveniencias diplom\u00e1ticas y cuotas burocr\u00e1ticas mientras el pa\u00eds se hunde y la poblaci\u00f3n sufre.<\/p>\n<p>Ante la constante felon\u00eda, el encarcelamiento de los verdaderos h\u00e9roes y la desidia, el ciudadano com\u00fan opta por replegarse h hacia un escepticismo de supervivencia radical donde desconfiar de toda promesa se convierte en la \u00fanica forma de no volver a quebrarse el alma. Este vac\u00edo de fe p\u00fablica abona el terreno para la resignaci\u00f3n y la anomia, a veces sin tomar conciencia de que la confianza destruida no se repara con discursos, sino con hechos que expongan la presencia real, \u00e9tica y efectiva de la solidaridad y la justicia en la tragedia cotidiana.<\/p>\n<p>Pero si adentro el mecate institucional se rompi\u00f3 por completo por la desidia del poder, desde afuera emergi\u00f3 una cuerda de dimensiones globales. La tragedia del terremoto no se qued\u00f3 encerrada en las fronteras f\u00edsicas de Venezuela; sacudi\u00f3 con id\u00e9ntica fuerza el alma de la di\u00e1spora y millones de venezolanos esparcidos por el mundo, que cargan a diario con la melancol\u00eda del destierro, reaccionaron de inmediato con un solo coraz\u00f3n. En galpones, parroquias de exiliados y plazas de ciudades lejanas, los de afuera se movilizaron para recolectar medicinas, ropa y alimentos. Esta inmensa corriente de ayuda no fue un simple acto de beneficencia; fue una declaraci\u00f3n de amor a la patria y un pacto de solidaridad, de hermandad inquebrantable.<\/p>\n<p>Y los de afuera, de manera crucial, compartieron la misma p\u00e9rdida de confianza hacia las estructuras de adentro. Sab\u00edan muy bien que la ayuda enviada corr\u00eda el riesgo de ser bloqueada, confiscada o desviada por la burocracia insensible del r\u00e9gimen o por la ineficacia de una dirigencia desconectada. Por eso, el esfuerzo de la di\u00e1spora se organiz\u00f3 al margen del r\u00e9gimen, buscando canales directos, de iglesia a iglesia, de vecino a vecino, tejiendo una red de confianza paralela basada \u00fanicamente en el afecto y la decencia compartida. Ese puente demuestra que el exilio no es un desgarro definitivo, sino una extensi\u00f3n activa de la misma lucha por la dignidad. Quienes empacaban cajas de ayuda en Miami, Madrid o Bogot\u00e1 sosten\u00edan, a la distancia, el mismo mecate que la gente en la barriada jalaba con sus manos ensangrentadas entre los escombros para salvar una vida.<\/p>\n<p>La lecci\u00f3n fundamental que nos deja el polvo del terremoto, la sonrisa de la ni\u00f1a, el coraje de la madre, el sacrificio del topo encarcelado y la movilizaci\u00f3n conmovida de la di\u00e1spora es que el tiempo de las vacilaciones y de los repliegues t\u00e1cticos se ha agotado por completo. Atr\u00e1s qued\u00f3 la peligrosa y da\u00f1ina costumbre de dar un paso al frente para luego retroceder ante la primera r\u00e1faga de viento, buscando acomodo bajo el pretexto del \u00abrealismo pol\u00edtico y la cohabitaci\u00f3n\u201d, porque la sabidur\u00eda de nuestra tierra es implacable: \u201cchivo que se devuelve se esnuca\u201d.<\/p>\n<p>No se puede negociar la dignidad de esa ni\u00f1a que sonr\u00ede con valent\u00eda, ni el sacrificio de la di\u00e1spora que se desvive por enviar alivio desde el extranjero mientras carga con las consecuencias de un futuro fracturado. No se puede usar la tragedia del pueblo como una ficha de cambio para obtener prebendas o reconocimientos est\u00e9riles en mesas de di\u00e1logo que solo sirven para darle m\u00e1s mecate al opresor.<\/p>\n<p>La sociedad civil, tanto la que resiste adentro como la que apoya con fervor desde afuera, no puede seguir actuando como el pastor temeroso que suelta el mecate cuando el animal jala fuerte; su rol es polarizar con la barbarie, marcar una distancia \u00e9tica infranqueable y ofrecer un proyecto de pa\u00eds donde la vida humana y la decencia vuelvan a ser el centro indiscutible de la acci\u00f3n p\u00fablica y la pol\u00edtica. brinda la clave de nuestra reconstrucci\u00f3n c\u00edvica.<\/p>\n<p>Recuperar la confianza perdida no ser\u00e1 tarea de un d\u00eda ni obra de un nuevo caudillo mesi\u00e1nico. La confianza se reconstruir\u00e1 con paciencia y desde abajo, imitando el mecate humano que uni\u00f3 a los vecinos del terremoto con los exiliados del mundo entero: uniendo nuestras fuerzas individuales en una red descentralizada, transparente, \u00e9tica y firme, capaz de sujetar de una vez por todas al poder y ponerlo al servicio de la vida y de la dignidad.<\/p>\n<p>Es hora de clavar de nuevo la estaca de la decencia y el rigor en el suelo de la patria. El polvo del sismo eventualmente se asentar\u00e1, pero la exigencia de un Estado responsable, de l\u00edderes que no abandonen y de una vida digna debe permanecer tan firme como la roca que resiste la tormenta. La sonrisa de esa ni\u00f1a y el amor infatigable de nuestra di\u00e1spora nos obligan a no rendirnos; su mirada nos exige que sostengamos el mecate con manos firmes y el coraz\u00f3n bien plantado en la tierra.<\/p>\n<p>*Presidente de VenAm\u00e9rica<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Nelson Oxford Belisario* Y mientras este ciudadano salvaba vidas a riesgo de perder la suya, el entorno se llenaba de una mezquindad insufrible. 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