Saltear al contenido principal

Educar para la democracia

Neuro J. Villalobos Rincón*

Soy un fiel creyente que considera que hay que educar para la democracia, educar para aprender a vivir en libertad, que implica enseñar a discutir con razones.

“La liquidación de la libertad individual tiene que ser radical. Razones por las cuales el socialismo no puede ser sino totalitario”. Emeterio Gómez

Hay un refrán muy conocido que dice: “Zapatero a tus zapatos” con el cual se quiere expresar que cada quien debe dedicarse a lo suyo, a su oficio o profesión que conoce bien. Esto viene al caso porque muchos gobernantes opinan sobre todo y de todas las cosas sin informarse cabalmente sobre el asunto al cual se refieren así no sea de su incumbencia y a veces sin siquiera preguntarles, a pesar de estar haciendo una mala gestión en su país. En esta oportunidad quiero poner de manifiesto dos de las tremendas pifias que ha cometido recientemente el Presidente de Colombia, Gustavo Petro, quizás impulsado por su inclinación ideológica de izquierda.

No sé su grado de compromiso o gratitud con el gobierno usurpador de nuestro país, Venezuela, pero manifestarse abiertamente a su favor y defender su gestión, y a su entender, maravillosos resultados, obviamente no lo deja bien parado ante la opinión mundial, e indica que está totalmente desinformado o es un formato que forma parte de su solidaridad ideológica automática en consonancia con el esquema marxista-leninista que trata de imponer en Colombia y que está incluido en la política exterior de los gobiernos de izquierda en el mundo, dada la esencia totalitaria del socialismo, como lo afirma Emeterio en la cita que encabeza este artículo.

Otro resaltante error lo cometió, casi simultáneamente, a lo interno de su país al pretender hacer del Fiscal General de la Nación un funcionario subalterno más de su gestión, y darle órdenes. La respuesta frontal, precisa y respetuosa de éste puso de manifiesto el desconocimiento de la Constitución Nacional de Colombia del actual Presidente y su bochornosa y extraviada pretensión.

La característica del zafio, decían Ingenieros, es creerse apto para todo, como si la buena intención salvara la incompetencia. Esta sentencia aplica para todos los gobernantes y mucho más para Maduro.

Esas posturas forman parte del proceso de degradación de la política que la convierte en una profesión de habilidosos, no de hábiles, que en lugar de exhibir competencias más bien parece un pugilato entre aventureros y mercenarios de la política. Este tipo de conducta es propicia cuando existe un clima de mediocridad porque como dice el autor citado: “nadie piensa donde todos lucran, nadie sueña donde todos tragan.” Es una especie de aclimatación al ridículo donde “la improbidad se pavonea y ostenta en vez de ser vergonzante y pudorosa”.

Petro igual que Maduro, ya lo he dicho en otras ocasiones, forman parte de esa legión de resentidos sociales, incapaces de anidar verdaderos ideales como seres humanos y con una detestable concepción de la “justicia revolucionaria” que consideran les otorga licencia para encarcelar, perseguir, torturar, robar, matar y hacer todo aquello que sea necesario para mantenerse en el poder, sin respetar la dignidad humana ni la democrática separación de los poderes. No tengo la menor duda que su carencia mayor es la de principios y valores que orienten su vida, es la miseria espiritual, la miseria del alma.

Soy un fiel creyente que considera que hay que educar para la democracia, educar para aprender a vivir en libertad, que implica enseñar a discutir con razones; formar ciudadanos democráticos inconformes, pero conforme a lo que los valores democráticos prescriben. Despertar la inquietud por el destino personal de cada quien apegado a los valores individuales, sin desconocer las exigencias armonizadoras con los valores sociales, entre los cuales, los democráticos son esenciales, o como bien lo señala Fernando Savater: “buscar en común una verdad que no tenga dueño y que procure no hacer esclavos”.

La libertad, la justicia sin arbitrariedades, el orden sin atropellos, la disciplina sin imposiciones, son y seguirán siendo consustanciales a la democracia. Debemos hacer un esfuerzo sobrehumano para enfrentar y sobreponernos a un modelo ideológico y político con un pensamiento único. Un esfuerzo por devolver a la democracia sus valores fundamentales. Una democracia que se sustente en la libertad plena de la persona humana.

* Director de VenAmérica

Compartir
Volver arriba